La culpa femenina

Los seres humanos, nacemos, crecemos, maduramos y morimos, esto es ley de vida.

Hoy quiero hablar sobre la culpa femenina. Hay experiencias según mi vivencia que no quisiera ni recordar y otras que hubiese querido que no terminaran jamás, pero como no nos pertenece toda la verdad, debemos aceptar y apechugar con lo bueno y con lo malo que nos pasa.

De estas experiencias hay unas que sembraron la culpa en mí por muchos años.

Hay elecciones que tomamos y perjudican a nuestro entorno, no lo hacemos conscientemente, aunque muchos puedan pensar que sí.

A veces nuestra inexperiencia de vida y nuestras circunstancias, que son únicas y de nadie más, cometemos errores sin saber las repercusiones que ellos traerán.

El “debería haberlo hecho de otra manera”, que acompaña el sentimiento de la culpa, surge de la idea que sostiene que las personas podrían haber actuado de forma diferente, y por lo tanto, las cosas tendrían otro resultado.

Cada quien vive su vida y sus circunstancias como debe, a veces como puede, con las herramientas que tiene al alcance en esos momentos.

 Hay que ser valiente y honesto y aceptar que nos equivocamos, cometemos errores y punto.

Y aquí entra la culpa femenina como la llamo yo.

Culturalmente a la mujer se le ha criado para que sienta culpa por todo, si te divorcias, si estudias o no, si ganas más que el marido, si no atiendes a tus padres, si no cuidas de los hijos pequeños por ir a trabajar,

Si no te metes por el aro de lo que los demás piensan que debes hacer, eres lo peor del mundo. Entonces, como manejamos esto.

Definición de culpa:

nombre femenino

1.1 Falta o delito que comete una persona de forma voluntaria.

«el ladrón se entregó dispuesto a pagar su culpa»

2.2. Responsabilidad o causa de un suceso o de una acción negativa o perjudicial, que se atribuye a una persona o a una cosa.

«la culpa de que te echaran del instituto es únicamente tuya»

¿Culpa, sentimiento o emoción?

La culpa es un sentimiento que suele durar más y que nos habita de forma más o menos consciente.

Puede emerger intermitentemente como emoción o fluir de regreso a nuestra conciencia como un sentimiento.

La mayoría de las veces «duerme» en nuestro inconsciente.

La culpa aparece en momentos específicos para cada uno de nosotros. Surge de cada idea de juicio que nos transmitimos a nosotros mismos y a los demás.

Nuestra mente trabaja de forma binaria, juzgando, dividiendo lo bueno de lo malo.

Es así, que nuestro cerebro alimenta la culpa.

Se llama superyó, policía interior, creencia limitante.

Cuándo nace la culpa femenina:

Cuando hay un problema de separación, duelo o ruptura.

Al juzgarte a ti mismo.

Formas de culpa:

La culpa normal inherente a los humanos.

Se considera necesaria y, por tanto, saludable, porque permite distinguir el bien del mal.

Establece límites, frena. Surge cuando tenemos un sentimiento de transgresión de nuestros valores.

Ejemplos «sentimiento de hacer mal», «mentiras», «sentimiento de lastimar al otro»

La culpa que lleva a la necesidad de reparaciones, de excusas, que puede crear remordimiento, incluso vergüenza.

En la cultura judeocristiana, la culpa es inherente a la humanidad y al sentimiento de pecado original, que resulta en sufrimiento.

El sentimiento de culpa se integra a nivel físico, emocional y mental, a través de la educación, la escuela, la sociedad y el entorno familiar.

Cómo salir de la culpa femenina:

1.- Al tomar conciencia de la naturaleza de la culpa, afrontar la situación con objetividad.

2.- Al imponer tus límites, al no dejar que otros te hagan sentir culpable.

Mejorar tu autoestima te permitirá aceptarte a ti misma con tus fortalezas y debilidades.

Entonces podemos perdonarnos y amarnos más a nosotras mismas y a los demás.

Nos sentimos culpables por no poder «salvar» al otro (voluntad inconsciente del todopoderoso).

3.- Al dejar de responsabilizarnos por la culpa del otro, al dejar al otro que se haga responsable de sus elecciones y de su vida.

De hecho, la ilusión de que tenemos poder sobre los demás nos hace sentir culpables por fallar. Debemos cortar eso por lo sano y poner distancias.

A veces queremos salvar a los adictos de su propia adicción y no nos corresponde hacerlo.

4.- Aceptando el dolor y la separación de lo que no podemos arreglar o cambiar.

 No hay verdugo ni víctima.

5.- Liberándonos de los recuerdos inconscientes que nos unen a la culpa de nuestros antepasados, a un pacto o a un secreto familiar.

Con la ayuda de un terapeuta, podemos saldar la deuda inconsciente que cargamos, a través de un acto simbólico, trabajar en terapias transgeneracionales, constelaciones familiares, etc.

Es fantástico buscar ayuda cuando podemos hacerlo, la psicoterapia ayuda mucho a resolver estos conflictos y ponernos en manos de profesionales es lo mejor que podemos hacer por nuestra salud mental.

Con amor,

Ely

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